Kepler, Johannes (1571-1630)
· Su vida
Johannes Kepler nació el 27 de diciembre de 1571 en Weilderstadt
en Württemberg (Alemania) en 1571 en el seno de una familia de
reducidos ingresos. Murió el 15 de noviembre de 1630 en
Regensburg.
Desde 1589 estudió becado teología y clásicas, en
la Universidad de Tübingen donde fue discípulo de Michael
Maestlin, que lo introdujo en la teoría de Nicolás
Copérnico. Kepler aceptó inmediatamente la teoría
copernicana al creer que la simplicidad de su ordenamiento planetario
tenía que haber sido el plan de Dios.
Si de Tycho hemos resaltado su carácter soberbio, de Kepler
resulta sorprendente, no ya su deseo de explicar las observaciones con
la mayor precisión, sino este deseo unido a una enorme
fantasía a la hora de plantear hipótesis y razonamientos
cuyos resultados se convertían sucesivamente en fuerte
convicción y en elementos y conclusiones de sus teorías,
permaneciendo, no obstante, siempre dispuesto a refutar tales
hipótesis si las observaciones las contradecían.
· Mysterium Cosmographicum
En 1594, cuando Kepler dejó Tübingen y marchó a Graz
(Austria), elaboró una hipótesis geométrica
compleja para explicar las distancias de los distintos planetas al Sol.
Kepler planteó que el Sol ejerce una fuerza que disminuye de
forma inversamente proporcional a la distancia e impulsa a los planetas
alrededor de sus órbitas. Publicó sus teorías en
un tratado titulado Mysterium Cosmographicum en 1596.
En el primer capítulo hace la mejor de las defensas del sistema
de Copérnico resaltando hecho tales como las diversas
coincidencias entre períodos de deferentes y epiciclos, haciendo
notar, entre otras cosas, el extraño hecho, cuando se ve a la
luz de la teoría de Tolomeo, de que los planetas exteriores se
encuentren en el perigeo precisamente cuando están en
oposición. Kepler hace hincapié sobre la gran
simplificación que supone dar cuenta de todo esto simplemente
poniendo la Tierra en movimiento.
Sin embargo, la parte principal de la obra se dedica a la
justificación de las distancias de los planetas al Sol, ya dadas
por Copérnico. El razonamiento de Kepler es bien simple. En el
espacio tridimensional, sólo se pueden concebir cinco cuerpos
regulares cuyas caras sean polígonos regulares iguales entre
sí. Como los planetas son seis, resulta lógico deducir
que sus órbitas estén contenidas en esferas
alternativamente inscritas y circunscritas en tales cuerpos. De este
modo, Kepler consigue explicar tales distancias, con errores no mayores
del 10%, excepto en el caso de Mercurio, en que debe hacer algunas
modificaciones.
· Descubrimiento del movimiento real de
los planetas
Kepler fue profesor de astronomía y matemáticas en la
Universidad de Graz desde 1594 hasta 1600, cuando se convirtió
en ayudante del astrónomo danés Tycho Brahe en su
observatorio de Praga.
Kepler llegó a Praga huyendo de la persecución religiosa
de que era objeto en Graz. En Praga se reunió con Tycho, quien,
muerto su protector y enemistado con la mayoría de los
personajes más influyentes de Dinamarca, se vio obligado a dejar
su país en 1597, trasladándose a Bohemia en 1599. Kepler
se convirtió en uno de sus principales ayudantes.
A la muerte de Brahe en 1601, Kepler asumió su cargo como
matemático imperial y astrónomo de la corte del emperador
Rodolfo II y, sobre todo, haciéndose cargo de todas sus valiosas
observaciones.
Desde el inicio abordó Kepler el controvertido problema de la
determinación de la órbita de Marte. En un principio
asumió la circularidad de la misma y la existencia del punto
ecuante, emplazado en la línea que unía el centro del
círculo y el Sol. Tres eran los parámetros fundamentales
de la órbita: inclinación respecto al plano de la
eclíptica, posición de la línea de los
ápsides (que contiene al Sol, al centro y al ecuante) y
excentricidad. A éstos hay que añadir la anomalía
media (ángulo en el ecuante entre el planeta y el perihelio)
para conocer la posición del planeta en cada instante. Sin
embargo, los parámetros que determinó, no daban cuenta de
las posiciones de Marte en latitud, sobre todo cerca del afelio,
así como tampoco de las posiciones en longitud cuando el planeta
se encontraba lejos de la línea de los ápsides,
obteniendo discrepancias de hasta 8' (recordemos que la
precisión de las medidas de Tycho era de alrededor de 1').
Estos errores implicaban bien que la órbita de Marte no era
circular, bien que el ecuante no estaba alineado con el centro de la
órbita y el Sol, debiendo describir una trayectoria caprichosa.
Sus intentos por resolver el problema le llevaron entonces al estudio
del movimiento de la Tierra. Como ya sospechaba, encontró que
tampoco era uniforme respecto al centro de la órbita ni respecto
al Sol. En conexión a este descubrimiento introdujo la ley de
las áreas, según la cual, el radio vector que une el Sol
y el planeta, barre áreas iguales en tiempo iguales, pasando a
considerar al Sol como centro de referencia del movimiento de los
planetas (Copérnico había tomado como este centro, el
centro de la órbita Terrestre), así como fuente de la que
emanaban dichos movimientos.
La permanencia de los errores en las posiciones de Marte, incluso
después de introducir la velocidad variable, le llevó,
finalmente, a no hacer ninguna suposición sobre la forma de la
órbita. Después de la determinación de la
distancia Sol-Marte en diversas posiciones, concluyó que la
forma de la órbita era una elipse, uno de cuyos focos
está ocupado por el Sol. Esto constituye la que después
ha sido llamada su primera ley.
Desde el principio, han sido muchos los comentaristas de Kepler que han
considerado que la obtención de la 2ª ley, o ley de las
áreas, se basa en un razonamiento en que dos errores se cancelan
mutuamente . El primer error sería considerar la velocidad del
planeta en la órbita como inversamente proporcional a la
distancia al Sol, en lugar de, como en realidad ocurre, como
inversamente proporcional a la perpendicular desde el foco a la
tangente a la órbita en el punto ocupado por el planeta. El
segundo error consiste en que Kepler considera el área barrida
por el radio vector como una medida válida de la suma de las
distancias desde el foco a los sucesivos segmentos (360, en total) en
que dividió la órbita, El propio Kepler era consciente de
que tomar el área en lugar de la suma de las distancias era
sólo una aproximación, que hizo para facilitar los
enormemente tediosos cálculos que se veía obligado a
realizar para cada determinación de la posición del
planeta. El mismo, posteriormente, habla de una milagrosa
compensación de errores que, sin embargo, creía que
residían en dicha aproximación y en el hecho de haber
considerado la órbita circular -recordemos que la
obtención de la ley es anterior a la de la primera- y subraya
que con una órbita elíptica y una precisa medida de las
distancias, la ley de las áreas funciona de una manera exacta.
En definitiva, nuevamente, Kepler, después de todos sus
razonamientos, erróneos o no, no consideró sus dos leyes
como realmente válidas hasta ver que, en efecto, reflejaban de
manera precisa los cambios de velocidad del planeta en su
órbita.
Una de sus obras más importantes durante este periodo fue
Astronomía nova (1609), la gran culminación de sus
cuidadosos esfuerzos para calcular la órbita de Marte. Este
tratado contiene la exposición de las dos primeras leyes de
Kepler sobre el movimiento planetario.
· Un alma motriz para los planetas
Kepler trató rápidamente de justificar sus resultados
mediante una species inmateriata emanante del Sol. Si tal species
inmateriata se propagaba en todas direcciones, su acción
debería ser inversamente proporcional al cuadrado de la
distancia, en lugar de inversamente proporcional a la distancia, que
era lo que él había encontrado. Concluyó entonces,
apoyado por el hecho de que todas las órbitas planetarias se
encontraban muy aproximadamente en el plano de la eclíptica, que
su propagación se llevaba a cabo sólo en este plano. Esta
species inmateriata no debe, por tanto, ser considerada como, una
rudimentaria anticipación a lo que después sería
la fuerza gravitatoria. Desde el punto de vista de Kepler el problema
es cerrado, pues para nada se ha plantado aún la necesidad de
una aceleración -que sí es el efecto de una fuerza- como
generadora de la órbita, que de otra manera se
convertiría en movimiento rectilíneo. Para Kepler, en
ausencia de la species inmateriata, los planetas simplemente se
pararían. Además, para que este alma motriz hiciera que
los planetas giraran, era necesario que el propio Sol también lo
hiciera. Es decir, Kepler deduce la necesidad de la rotación del
Sol a partir del movimiento planetario, por analogía con el
sistema Tierra-Luna y el Sol-Mercurio, dedujo que el período de
rotación del Sol debía ser de unos tres días. Y no
sólo eso: el hecho de que la Luna, según su
concepción de la rotación, no girara, se debe a que nada
en la Naturaleza es superfluo (que constituye otra de las ideas
centrales de Kepler) y, careciendo la Luna de satélites a los
que mover, para nada le servía girar. Todo esto constituye un
nuevo ejemplo del desarrollado ingenio y el ardiente deseo por explicar
las causas primeras de todo que enmarca al empirismo de Kepler.
· Tercera ley
En 1612 Kepler se hizo matemático de los estados de la Alta
Austria. Mientras vivía en Linz, publicó su Harmonices
mundi, Libri (1619), cuya sección final contiene la tercera ley
del movimiento planetario.
Hacia la misma época publicó un libro, Epitome
astronomiae copernicanae (1618-1621), que reúne todos los
descubrimientos de Kepler en un solo tomo. Igualmente importante fue el
primer libro de texto de astronomía basado en los principios
copernicanos, y durante las tres décadas siguientes tuvo una
influencia capital convirtiendo a muchos astrónomos al
copernicanismo kepleriano.
La última obra importante aparecida en vida de Kepler fueron las
Tablas rudolfinas (1625). Basándose en los datos de Brahe, las
nuevas tablas del movimiento planetario reducen los errores medios de
la posición real de un planeta de 5°a 10'. El
matemático y físico inglés sir Isaac Newton se
basó en las teorías y observaciones de Kepler para
formular su ley de la gravitación universal.
Kepler también realizó aportaciones en el campo de la
óptica y desarrolló un sistema infinitesimal en
matemáticas, que fue un antecesor del cálculo.
El descubrimiento de la que posteriormente sería llamada su
tercera ley del movimiento planetario, tuvo lugar a raíz de su
deseo de explicar de una manera global el porqué de los
movimientos planetarios en su conjunto, que ya había dado lugar
a su Mysterium Cosmographicum. Como su modelo de los sólidos no
se correspondía del todo con la realidad, buscó el motivo
último en la armonía que los diversos períodos
orbitales pudieran producir. Para Kepler y, en general, para sus
contemporáneos, la teoría de la armonía musical y
de las diversas relaciones entre los sonidos, era una cuestión
matemática que, básicamente, estudiaba las relaciones
entre las frecuencias de los sonidos. Era sabido qué sonidos
daban lugar, cuando se producían juntos, a una sensación
agradable o de belleza y cuáles no. La aspiración de
Kepler, como la de los pitagóricos, era representar la
naturaleza y la belleza en términos numéricos. De este
modo, las relaciones numéricas que, puestas en términos
de sonidos, generaban una música bella, puestas en
términos de relaciones de velocidades planetarias y
períodos orbitales, debían también representar la
bella obra divina que era el Universo. Calculó las relaciones
entre la velocidad en el afelio y el perihelio de cada planeta,
encontrando que, en todos los casos, excepto para la Tierra y Venus,
representaban relaciones numéricamente bellas o consonancias. El
siguiente paso fue calcular las relaciones entre las velocidades
orbitales o los períodos de un planeta a otro, para encontrar en
qué octava se encontraba cada uno. Las distancias de los
planetas al Sol debían entonces, de alguna manera, quedar
incluidas también en esta armonía de los cielos. Las
relacionó con los períodos orbitales, encontrando su
tercera ley, según la cual, los cuadrados de los períodos
de revolución de dos planetas son proporcionales a los cubos a
de las respectivas distancias medias al Sol.
Vemos, en definitiva, hasta qué punto la imaginativa manera de
filosofar de Kepler es origen de los avances que aportó a la
Astronomía. Sin embargo, esta manera de filosofar, de nada
hubiera servido si no hubiera sido llevada a cabo sobre sólidas
y rigurosas bases observacionales que, desde esta época,
comienzan a apoyar toda la investigación y dan lugar al inicio
de la ciencia, tal como la entendemos en la actualidad.
Jorge Luis Pérez Contreras - CBA 2003II - Chihuahua en
Órbita